“De cualquier modo, el pueblo tendrá ocasión de ver y sentir su fuerza, y una vez que se haya dado cuenta de su fuerza y la haya visto desplegada, no tardará en servirse de ella.”
-Errico Malatesta.
Por Chino, Militante de Liberación
Ninguno de nosotrxs es ajenx al diagnóstico de la situación sociopolítica actual. Bombardeos en escuelas, desastre ambiental, debacle y decaimiento capitalista, alzamiento de los neofascismos ante la terrible realización de nuestra posible extinción. Sin embargo nosotrxs, lxs revolucionarixs, lxs comunistas, lxs anarquistas, lxs ultrones, no hemos podido ofrecer respuesta, ¿por qué es esto? En el caso de la región dominada por el Estado Chileno, entre los movimientos anticapitalistas o «post-capitalistas» notamos diferentes discursos donde el análisis ontológico es similar. Aún así, la propuesta epistemológica es la que varía. Lxs comunistas tradicionales, aferradxs al cuerpus de su teoría necrótica, aún confían en los meta relatos –baluarte insignia del modernismo– de transformar y superar el capital, ya sea por medios democráticos, a lo cual solo atinan a limpiar la imagen del capital y perfeccionar su legitimidad, o sea los estalinistas o marxistas leninistas, que en su mayoría de casos “exitosos”, atinan a perfeccionar el sistema neoliberal, profundizar la máquina destripadora del capital.
Sectores anarquistas, basándose en una especie de nihilismo, entienden el inherente sinsentido de la realidad. Estos, aun comprendiendo la importancia de la acción, abandonan cualquier posibilidad de una liberación colectiva de las instituciones dominantes, en pos de una supuesta liberación individual cuasi-esotérica, sin entender que nadie puede abstraerse de su contexto social y estructural, puesto que el ser humano, se nace y se desarrolla tanto en la naturaleza como en la sociedad, y es en ésta última en que se produce el humano. Sin embargo, estos sectores caen en un error: fetichizan el discurso.
Si bien la propaganda revolucionaria y la agitación es un aspecto importante en la lucha anti-estatal, anti-patriarcal y anti-capitalista, el discurso en sí mismo no es lo que transforma el aspecto de la realidad social cuestionada, si no la acción social, una acción social habitualizada a tal punto, que se transforme en realidad social objetiva.
Un discurso recurrente en la izquierda, que proviene de Mark Fisher, es que es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo. Al ser paridxs en un mundo social establecido gracias a acciones sociales habitualizadas con historicidad, convertidas en roles sociales, instituciones, y en ciertos casos en religión (reificación) nuestra idea de la realidad social, su constitución y sus limitaciones son proporcionadas por esta misma realidad social.
No podemos concebir ningún otro mundo puesto que sólo conocemos este. El mundo posible solo existe para nosotrxs teóricamente, y las alternativas que se construyeron en algún pasado como la Comuna de París o la España revolucionaria, o actuales como la Rojava combatiente o lxs Zapatistas autónomos que se nos presentan como un mundo distante y cristalizado, ya que no estuvimos presentes ni contribuimos en su constitución.
Nuestro trabajo como revolucionarixs, aparte de construir teóricamente dicho mundo nuevo, es también el de crearlo y construirlo en un proceso dialéctico, en el aquí y ahora; redes comunitarias, sindicatos de vivienda, huertas comunitarias barriales en poblaciones, etc.
El punto clave de estas acciones, no es la acción en sí misma, si no, su habituación e institucionalización. Una red comunitaria que no funcione como un tercer espacio en nuestras vidas, junto al trabajo explotador y el trabajo doméstico, si no que funcione como un mundo socialmente construido por afuera de las instituciones dominantes (el Estado, el Capital, el Patriarcado, la Gerontocracia, la competitividad, y un largo etc) en el que se desarrolle la vida cotidiana de lxs individuos en una interacción social constante y activa.
Redes comunitarias, donde la solidaridad, el apoyo mutuo, relaciones afectivas de contención y canalización, de cooperación se habitúen y se tipifiquen, como parte de una realidad social objetivizada.
Estas redes no son revolucionarias en sí mismas, puesto que existe la posibilidad de un desvío generacional a redes reformistas, de nacionalismo, o de su inmediata disolución. Sin embargo lo que conquistarán aquellos proyectos que perduren, es que las próximas generaciones, nacidas en un orden social en el que el apoyo mutuo y la cooperación son realidad objetiva, se desarrollarán psicológicamente con una «naturaleza humana» diferente a la nuestra.
En este punto quiero explayarme un poco.
El ser humano, sí cuenta con una naturaleza, tal cual han explicado ciertos autores como Murray Bookchin, Shutz, Berger o Luckmann. Sin embargo, esta naturaleza tiene que comprenderse como una naturaleza tanto social como natural. El sujeto al nacer en un mundo social ya establecido se enfrenta a una interrelación con el ambiente en el que se desarrolla, –puesto que el humano aun nacido, continúa desarrollándose tanto física como psicológicamente– el cual está constituido por el mundo natural (echos u objetos biológicos y sus necesidades biológicas, contexto ambiental y ecológico, etc) a la vez que con un mundo social (instituciones, religión, formas y conductas, moral, etc).
Las infancias, enfrentadxs y nacidxs en estos mundos ya establecidos, confunden o fusionan dichos universos, lo que tiene como consecuencia que consideren los objetos del mundo social, como parte del mundo natural. Con esto, los humanos desarrollamos dos “naturalezas”, que Bookchin acuñaría como primera naturaleza, conductas y hechos que responden a limitaciones biológicas y necesidades fisiológicas, y una segunda naturaleza, las cuales son las limitaciones tanto ideológicas como morales, las formas y las conductas tanto aceptables como aquellas que socialmente son percibidas como “anti-naturales”.
Es por esto que en falsas consciencias, el matrimonio –que es una institución socialmente construida– es significada como una conducta que responde a necesidades y determinantes biológicas, o sea, la capacidad reproductiva entre el sexo masculino y femenino, y no como una institución que responde a necesidades e ideologías sociales cuales son el control de la natalidad, la división social del trabajo doméstico en pos de una producción más eficiente para el sistema capitalista, etc. Éstas segundas funciones, reales, de las instituciones serían lo que Berger llamaría funciones latentes.
Volviendo al punto anterior, en dichas redes comunitarias donde las máximas de cooperación, apoyo mutuo, rechazo a la propiedad, rechazo al patriarcado y la autoridad sean las conductas que pongan en funcionamiento dichos organismos sociales, será la cuna de las próximas generaciones. Estas próximas generaciones, al encontrarse con la realidad social que habremos construido por fuera de las instituciones dominantes, se interrelacionarán y se desarrollarán en dicho proceso colectivo en el que la cooperación, el apoyo mutuo, el afecto y la justicia social serán tan naturales, como lo es la competitividad, la dominación y el capital para la sociedad contemporánea.
Sin embargo, estas máximas deben ser socializadas, o sea, correctamente compartidas y ofrecidas a las nuevas generaciones para que éstas las internalicen, las comprendan y las practiquen.
Es este el aspecto clave en el que un proyecto social revolucionario asegura su historicidad y su permanencia durante el tiempo. Por medio de la educación libertaria y comunitaria, la comunización de los cuidados de las infancias, las ollas comunes y el juego libre de las niñeces, es que podremos socializar en conjunto a dichas jóvenes generaciones, de forma no autoritaria y acorde a los mismos principios que buscamos enseñar.
La actual realidad social en la que nosotrxs vivimos, para las nuevas generaciones les será tan ajena como para nosotrxs es ajeno el nuevo mundo posible. Con esto, busco que si bien la lucha revolucionaria, la agitación radical y el combate directo a las instituciones normativas es importante, dejamos de lado la socialización efectiva de las ideas que sustentan y justifican socialmente nuestras acciones. Que no se menosprecien los actos sociales que parecen minúsculos o “poco revolucionarios”.
La bondad, el afecto, la empatía y las construcciones sociales cotidianas refuerzan las pautas sociales normativas más de lo que creemos. Estamos tan acostumbradxs a los meta-relatos que olvidamos que a veces inevitablemente, reproducimos el sistema en las acciones cotidianas.
Como ultima reflexión, nosotrxs no veremos el mundo nuevo que soñamos, pero nuestro trabajo es resistir, combatir y germinar las semillas que serán las próximas generaciones habituadas al amor, la cooperación, el apoyo mutuo, y las relaciones comunistas entre pares y sociedades en la vida social cotidiana. Construir sociedades de resistencia, de amor y de afecto por fuera del Estado, hasta que inevitablemente la existencia de nuestras sociedades amenace la raíz misma del Capital, el Estado y el Patriarcado.
Construir hasta que el combate, la lucha y la transformación sean inevitables.
