Análisis: ¡Autonomía contra todos los rostros del poder!

Vivimos un momento crudo en el capitalismo. La explotación que se apropia de nuestros cuerpos opera como una herida abierta, que crece y se infecta más con cada momento que dejamos pasar. Nosotrxs, la clase trabajadora, hemos sido despojadxs de todo: de la tierra, del mar, de nuestro tiempo, de nuestro tiempo, de nuestros propios pensamientos y consciencia. Nos encontramos, en estos momentos, en una coyuntura mundial que más presiona la herida. Globalmente, se expande la guerra que ha sido el status quo permanente de décadas hacia frentes más abiertos, más grandes y más despiadados que nunca. Confrontamos la situación bélica todos los días, en la radio, en las noticias, en Tiktok, y es la justificación permanente que ocupan quienes detienen el poder para explicar porque nuestra vida está cada día más difícil — mientras que la de ellxs está cada vez más cómoda. Claro, mientras la clase trabajadora se enfrenta a un alza histórica de la bencina, cosa que repercute en todos los aspectos de la vida, el lucro de las grandes familias dueñas del país (Luksic, Matte, Angelini, y demás) solo aumenta.

El trabajo, hoy por hoy, es un dispositivo que nos aleja de nosotrxs mismxs. Ya sea en el retail como en una oficina como de colerxs en la feria, nuestra vida se ve obligada a girar en torno al eje del salario o de lo que podamos lograr recolectar para llegar a fin de mes. Vivimos para trabajar. No hay pausas, ni respiros, ni descansos. El sistema nos impulsa a servir a la máquina, y a creer profundamente que el malestar que tenemos a raíz de ello es único e incomprensible. En una palabra, estamos profundamente alienadxs: de nuestras comunidades, y de nosotrxs mismxs. El trabajo hoy es cada día más precario, gestionándose todo un mercado a través de aplicaciones que insisten en que cada quien es simplemente un “colaborador” que elige libremente trabajar las horas que quiera en un servicio (ya sea delivery, conduciendo, repartiendo, en bodegas), como si la supervivencia de cada persona, y en muchos casos de familias completas, no dependiera de la superexplotación que se está llevando a cabo. Estas aplicaciones y las otras formas en las que se desarrolla el trabajo contemporáneo (las boletas, la informalidad, el trabajo por proyecto, las reducciones de personal y de presupuesto) asegura que lxs trabajadorxs se atomicen cada vez más en su individualidad, haciéndonos incapaces de ver lo común en nuestra propia explotación.

Esto recae, por cierto, de forma aún más pesada en los cuerpos de las mujeres y las personas socialmente feminizadas, que muchas veces se ven obligadas a asumir roles de cuidado fuera de la jornada de trabajo regular, dejándolas con aún mayor déficit de tiempo para reconectar con su comunidad y con su desarrollo personal. Por lo demás, el trabajo en servicios y en roles socialmente reproductivos (como la educación y la salud) exige un grado de compromiso emocional por parte de las trabajadoras, que por lo general son mujeres. La mujer trabajadora y lxs trabajadorxs feminizadxs socialmente deben no solamente cumplir con un horario de trabajo alargado por las labores de cuidado, pero además se ven obligadxs a siempre cumplirlo con una sonrisa, incluyendo cuando están siendo objeto de violencia y acoso en sus mismos lugares de trabajo o en sus hogares. Aquí, el capitalismo se conjuga con el yugo del patriarcado para agudizar la violencia y la explotación que viven las mujeres y las disidencias de la clase trabajadora.

Ante esto, hemos visto en las últimas semanas expresiones radicales en su negación desesperada del trabajo y de la productividad. Trabajadorxs individuales han quemado las bodegas que les pagaban una miseria por poner su tiempo y su fuerza de trabajo ahí, han saboteado activamente las operaciones de las empresas que lxs explotan. Y esto no es ni más ni menos que la expresión más lógica y clara de las precarias condiciones de explotación que vivimos como clase. Es al mismo tiempo un grito desgarrador ante la injusticia, y una forma radical de recuperar la vida propia.

En tales condiciones, nuestra respuesta no debe ser otra que la organización y la autonomía de clase. Vemos al sindicato (autónomo, clasista) como un espacio que puede quebrar con las condiciones de aislamiento, alienación e individualismo que impone el capitalismo en este momento. En primer lugar, la organización de lxs trabajadorxs es algo que despierta la consciencia colectiva sobre la opresión, y lo hace a través de lazos de solidaridad y apoyo mutuo. Al darnos cuenta que no estamos solxs en las condiciones de miseria a las que nos obliga el trabajo, el sindicato nos abre caminos y posibilidades para encontrarnos en nuestras necesidades y responder de forma autónoma ante ellas. Particularmente, entre mujeres y disidencias, y entre trabajadorxs en puestos de reproducción social, la organización abre posibilidades incluso de apoyo mutuo en lo emocional, ya que las condiciones de agotamiento constante a las que nos enfrentamos son comunes, y en conjunto podemos apoyarnos. Así, podemos entendernos colectivamente como clase, y también las capacidades que tenemos para construir otros mundos.

Y luego, sin duda, pasar a la ofensiva. La organización de lxs trabajadorxs debe tener siempre como horizonte la lucha contra el capitalismo, el patriarcado, el colonialismo y toda forma de opresión, dominación y explotación. En esta lucha, no basta solamente con construir estructuras autónomas, sino que también se vuelve necesario avanzar contra el enemigo y defender el propio proyecto. La organización de lxs trabajadorxs puede transformar el grito desesperado del trabajador que quema la bodega en acciones colectivas de sabotaje al patrón, a la productividad y al Estado hasta que claudiquen ante las demandas que garantizan un mejor vivir para la clase.

En un contexto de precarización absoluta, donde la consciencia de la clase trabajadora se ve nublada por una alienación y un aislamiento sin precedentes, la organización radical de lxs trabajadorxs permite quebrar con el modelo impuesto y avanzar hacia un horizonte nuevo a través de la consciencia que se desarrolla a través de la solidaridad de clase y de la acción conjunta.

¡Autonomía contra todos los rostros del poder!
¡Solidaridad de clase contra la precarización!
¡Sabotea el capital, recupera tu vida!

LIBERACIÓN
Mayo 2026

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