Por Amaya
Militante de Liberación
Hay mañanas en que el aire pesa menos, no porque el enemigo haya retrocedido, sino porque su soberbia se ha estrellado contra el silencio. Hoy, mientras los fríos y miserables despachos oficiales en Santiago y Buenos Aires destilan la bilis de la derrota, en la grieta respiramos un aroma distinto. El operativo binacional contra Galvarino, comandante Salvador, no fue más que un despliegue de inoperancia e ingenuidad; un recordatorio de que el poder es ciego en soberbia infinita ante aquello que no puede comprar ni domesticar. Encontraron el vacío insolente allí donde esperaban un trofeo inerte, demostrando que la dignidad no tiene domicilio fijo para los verdugos.
Es una alegría rebelde la que nos recorre. Un sonrisa cómplice. Un brindis a la libertad, la justicia y la libertad. Es el sabor de la victoria pequeña, pero absoluta, que se cuela entre las rendijas de esta ofensiva patronal que pretende cuadricularnos la vida con sus precios y sus decretos asesinos. El poder cree que con su tecnología de control y sus aparatos de venganza puede clausurar la historia, pero hoy la realidad les ha devuelto una bofetada de invisibilidad. Nos permitimos sonreír al imaginar su frustración frente a la ausencia de quien ya no es un cuerpo a merced de un castigo injusto, sino el rastro vivo que se niega a ser domado por la lógica de quienes todavía añoran dictadura.
Raúl Pellegrin enseñó con su palabra y ejemplo que, ante la bota del opresor, debemos recurrir a “todos los frentes de lucha con todo nuestro valor, audacia e ingenio”. No hay mayor audacia que sostenerse en la brecha cuando el sistema nos quiere ver humillados, capturados o silenciados. La verdadera inteligencia no es la del tecnócrata que suma sube precios y ajusta la miseria, es la de aquel que comprende que, en medio de la embestida, la capacidad de desobedecer es el único activo que no se devalúa; pues “no existe arma ninguna ni fuerza capaz de oprimir a un pueblo, cuando este se decide a luchar por su liberación” como dijo Raúl. Hoy, la victoria no se mide en territorios tomados ni insurrecciones en curso, sino en la capacidad de haber burlado el cerco: es el triunfo de la voluntad sobre la maquina asesina.
Mientras Kast y Milei intentan convertir la política en un espectáculo de cacería humana para distraer del hambre y de las bencinas que suben como latigazos, nosotrxs celebramos la persistencia de quienes no se doblegan ante a la infamia y la desvergüenza. Sabernos indomables es entender que nuestra mayor fuerza es la convicción que ellos no pueden procesar. Esta no es la alegría ingenua de quien cree que la lucha terminó; es la alegría brava de quien sabe que, a pesar de todo su aparato asesino, no han podido con la vida, porque, como lo señalara con fuerza y claridad el FMPR-A: la reserva moral del pueblo es inagotable.
Hoy la estatua de paja de la legalidad burguesa tiene una herida más. Mientras ellos se muerden la lengua de rabia, nosotrxs seguimos construyendo, conscientes de que los derechos solo se conquistan en la lucha revolucionaria. Porque la libertad no se pide en sus tribunales ni se espera de sus gobiernos; la libertad se ejerce, como hoy, en la certeza de que, por más que intenten cercarnos, siempre habrá un camino que no verán y una memoria que no se entrega aunque parezca cercada.
