De oprimidas hacia oprimides

C. D.

Militante de Liberación

Febrero 2024

“Y la eterna tutelada, dos veces esclavizada en nombre de la reivindicación de sus derechos, en nombre de la emancipación femenina, en nombre de tantas banderas, de tanto ídolos: patria, hogar, virtud, honra, sociedad, religión derechos políticos y civiles, feminismo, comunismo, sindicalismo, fascismo, revolución, etc., etc., continúa siendo un instrumento manejado hábilmente por el hombre para sus fines sectaristas, dominantes, políticos, religiosos o sociales”. (María Lacerda de Moura)

 

No toma demasiado tiempo para darnos cuenta respecto a la división sexual de la vida en la sociedad. Basta mirar las diferencias salariales, los estigmas sociales o la instrumentalización de los reclamos sociales para ganar una elección burguesa. Si hay algo que nos ha enseñado la historia, es que la mujer se ha vuelto un personaje secundario, abandonado y recluido; una mera partícula dentro de un complejo sistema, más grande y más visible, por lo que se desprecia y prioriza el cambio del sistema, en lugar de elevar las luchas particulares a la importancia de la lucha sistémica. 

Esa lógica, la secundarización y minimización de la feminidad, y la misoginia, la que nos mantiene detrás de toda forma de revolución social-cultural, se traduce hoy en día de formas peculiares y “nuevas”, históricamente hablando. 

El conjunto queer, la diversidad sexogenérica, y aún más, su conjunto disidente, se ven oprimidas, sesgadas y dejadas de lado. En fin. El patriarcado y la exaltación del hombre es lo que nos destruye como sociedad.

Plantearnos lo que implica la Liberación de toda forma de vida corresponde al cuestionamiento de toda opresión y relación jerárquica que nos compone. Es esencial entender las grandes y unidas formas de opresión en la sociedad contemporánea, el Capitalismo y el Patriarcado, está más que explicitado en escritos de compañeres la unidad de estos siniestros. Este siguiente trata la intrincación que genera el Patriarcado en las personas y sus relaciones. 

Remontémonos a cuando la discusión sobre los géneros y las expresiones tenían menor peso, menor visibilidad y menor presión sobre lo hegemónico. La flora del feminismo y la reivindicación de la mujer, el final del S. XIX y principio del XX, y es que la mujer presenta problemas que hoy en día se sobrelapan con las problemáticas queer. Ya lo mencionaba Ilse en 1937 (1), la mujer lucha dos problemáticas constantes, las externas y las internas. Externas como hacer la revolución, internas como luchas contra la misoginia en su propio círculo revolucionario, externas como ganarse el pan, internas como aguantar las actitudes violentas de sus compañeros de oficina. La mujer, ente resistente por definición desgraciadamente, afrontó y afronta obstáculos solo para poder vivir. ¡Oh ser mujer en un grupo lleno de hombres, qué horror!

Y es que, ante el argumento en el que se generan estigmas contra el hombre, y se intenta victimizar al pobre y desolado hombre, no hay datos ni vivencias que puedan respaldar dicha pena y desgracias del hombre. La mujer, durante toda su vida requiere mantenerse segura, cuidar su vestimenta, salir en grupo, estar alejada de todo disfrute puesto que el ego enseñado al hombre cis le hace pensar tiene la facultad de estar por sobre su par, la mujer. Este ego masculino, abundante en toda área de la sociedad, nos ha hecho creer que la mujer y su feminidad es frágil, se puede romper a gusto y no merece respeto; tonterías, mentiras y falacias para controlar lo desconocido para la hegemonía.

Al pasar los años, las décadas, y las democracias y regímenes autoritarios, es que nos debemos preguntar el rol del Comunismo de Liberación, lo que propone y cómo podemos aplicarlo para evitar caer en dogmas autoritarios, fascistas y patriarcales, y es pues bajo esta noción debemos anular toda percepción sobre la mujer que se ha mencionado previamente; las relaciones horizontales en la sociedad son aquellas que nos llevarán a un ambiente en el que cada ser humano pueda ser plenamente libre.

Pero, expandamos el debate (por algo el título de este escrito). No es única la experiencia de la mujer, la de ocultarse y mantenerse segura ante un terror externo. Y es que el patriarcado es tal, que se ha extendido a condenar  toda forma de expresión no hegemónica, no correspondiente con el sexo construido y sus roles correspondientes. Es decir, lo asignado masculino se desprecia si es femenino, y lo asignado femenino se repudia si es masculino. Una construcción absurda meramente para asegurar una administración y una producción constante, simple y cerrada. 

Es en esta percepción donde nace lo queer, lo diverso y posteriormente lo disidente. Lo queer, todo lo que no aplica a las categorías cisgénero ni heterosexual. Esta que no se acomoda a los estándares forzados de la sociedad, lo único, la expresión del género interno y la de la sexualidad libre, recibe exactamente la misma mirada que tiene y tuvo la mujer durante mucho tiempo. La gran diferencia, es que la gran aliada que debería tener, la mujer, en ocasiones suele volverse la enemiga; la religión, los estigmas, el miedo y la desinformación, conducen a la mujer a las mismas vías que comete el hombre con ella. 

El hombre y la mujer parecen ser aliados cuando de oprimir a aquellos que se liberan individualmente de las cadenas de lo hetero-cis se trata; la mujer, en un estado absolutamente alienado, atenta contra las mismas libertades que le son negadas, pero las de otro individuo, una absurda contradicción.

Y es aquí cuando entra el debate, ¿a quién corresponde la Liberación Total? ¿Es menester del luchador externo?, o en su lugar, ¿aquelles que están imbuides de estas problemáticas deben liberarse entre sí? El Comunismo de Liberación debe entender que solo el grupo oprimido, los individuos que se han liberado, es capaz de liberar aquellas personas que se han visto oprimidas. Un hombre no puede abogar por la libertad total de una mujer, como dice Hé Zhèn, pues este tomará provecho de ella, es la mujer quien puede liberar a la mujer. A su vez, es el grupo queer el que puede liberar al grupo queer, pues no deben haber limitaciones dentro de su libertad. Los grupos externos solo pueden solidarizar y empatizar. 

El patriarcado moderno ya no oprime meramente a las mujeres, pues este ha demonizado todo lo no-hegemónico y todo lo que no ha podido controlar. Es decir, toda forma de libertad individual, tanto el Capital como el Patriarcado, de la mano del Estado han asegurado mantener a raya las capacidades de las mujeres y de las diversidades, para generar una noción de falsa libertad y poder mantener el control. Esta libertad negativa, concedida por una otredad, no es libertad total. El paso de la opresión de las mujeres hacia la de mujeres y diversidades es una más de esa expresión.

Son los grupos oprimidos los que deben liberarse a sí mismos, manteniendo relaciones horizontales y de mutuo respeto y amor.

¡Salud y Anarquía compañeres!

C. D.

 

Notas:

(1) Grupo de Estudios José Domingo Gómez Rojas, (2018), Libertarias (p 57), Eleuterio

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